Diego Gelmírez y el maestro de las Platerías

PlateriasEl acceso de Diego Gelmírez a la dirección de la diócesis, su promoción al episcopado en 1100 y su elevación a la dignidad arzobispal en 1120, impulsaron y encarrilaron de manera definitiva la construcción de la catedral de Santiago, a pesar de los contratiempos a los que tuvo que enfrentarse. Su muerte debió de producirse entre junio de 1139, fecha del último documento por él firmado que se conoce, y agosto de 1140, ya que el 12 de dicho mes y año Alfonso VII se dirige a don Berenguel como arzobispo de Santiago, y alude a su elección.

Terminada la capilla mayor Gelmírez consagró su altar y los de las demás capillas en 1105. (…)

En el crucero se utiliza un módulo que proporciona las dimensiones idóneas al edificio (…). La unidad base del módulo es la longitud de un tramo de las naves laterales y lo utilizó ya en el inicio de la girola, donde se yuxtapone sin violencia a la obra del maestro Esteban. Así, la anchura de la nave central es de dos tramos de las naves laterales, ya que éstas rodean en su totalidad a la central, lo que impone un inusual número par de tramos en las fachadas del crucero.

También las alturas de las naves se adecúan a la misma proporción. Los arcos torales de las bóvedas de las laterales arrancan a dos módulos, por lo que su punto más alto alcanza los 2,5 módulos. Igual criterio se usó en la nave central: cuatro módulos para el inicio de los torales; claves, a cinco módulos de altura; triforio de las tribunas, a tres módulos. (…)

(…) En el centro del crucero se desarrolló un cimborrio que incendiaron los compostelanos en 1117. La decoración se limita a los capiteles, la mayoría, con hojas con diferentes formas y tratamientos; algunos, son historiados, entre los que destaca el que, en el brazo norte, representa la condena del avaro, que sigue un modelo de Conques de donde sería su autor. (…)

La organización arquitectónica de las fachadas norte y sur del crucero refleja la del interior, lo que determina una inusual fachada de cuatro tramos que originan dos portadas, en los centrales; y doble cuerpo de ventanas, en los extremos. Encima de las puertas se forma un amplio friso y, más arriba, sendas ventanas que iluminan la tribuna. Sobre éstas, en el hastial de la nave central, se abría una ventana, sustituida en el siglo XIII por un óculo, flanqueada por otras ciegas. En las esquinas superiores de las fachadas se levantaban sendas torrecillas circulares que permitían acceder a las cubiertas. En los relieves que desarrollan los temas iconográficos escogidos por el maestro de las Platerías intervinieron los más sobresalientes artistas hispanos del momento.