Inicio de la catedral románica

Desde el inicio de su construcción la catedral románica de Santiago pretendió facilitar a los peregrinos el cumplimiento de los ritos oportunos así como proporcionarles alojamiento. Satisfacer tales necesidades exigía adoptar el modelo de iglesia de peregrinación que entonces se empleaba en Francia y contar con el mecenazgo del monarca leonés.

(…) En efecto, en 1075 pudo iniciarse la obra, que invadía terrenos de los monjes de Antealtares, lo que obligó a alcanzar con ellos la concordia que en 1077 lograron el obispo, Diego Peláez, y el abad Fagildo. (…) Superadas estas dificultades iniciales la edificación de la catedral siguió hasta 1088, año en el que Alfonso VI encarcela y depone a Diego Peláez: “acusándole de traidor. Pues sus enemigos… dijeron que intentaba entregar el reino de Galicia al rey de los ingleses y normandos”, según la “Compostelana”.

Las capillas del deambulatorio corresponden a una iglesia de peregrinación, de planta de cruz latina de tres naves, con amplia girola en la que se alzan cinco capillas. Sobre las naves laterales y deambulatorio se encuentran amplias tribunas abiertas a la capilla mayor y nave central por un triforio. De este modo los peregrinos podían venerar las reliquias apostólicas desde la girola, en cuyas capillas recibían los sacramentos y daban culto a los santos de su devoción; las tribunas albergaban otros altares y, sobre todo, se destinaban a su descanso. Al mismo tiempo las advocaciones de las capillas centrales de la girola tienen carácter catequético ya que la central se dedica al Salvador; la de su izquierda, a san Pedro y, la del otro lado, a san Juan que, con la mayor, dedicada a Santiago evocaban la Transfiguración de Cristo.

Diego Gelmírez y el maestro de las Platerías»